Un suave fulgor de luz
que atraviesa las cortinas
me enrojece las mejillas
y a deshora me despierta.
¿Seremos tan opuestos
en esta vida indefinida?
¿O tan sólo la reminiscencia
de lo que ha sido perdido?
Y es que no logro ver la luz
en este laberinto de piedra.
Todos mis deseos y ensueños,
se convierten en cadenas.
Una nube pálida y tímida,
a lo lejos se aproxima:
¿Será una más de tantas,
que divisan mi energía?
Es que no logro ver la luz
en este laberinto de piedra.
Todos mis deseos y ensueños,
se convierten en cadenas.