martes, 14 de julio de 2015

Conmigo

Caminé.
Caminé.
Caminé y corrí.
Intenté desaparecer, escapar de mí.
Si.
Pero tan sólo me perdí.
Y cuando quise volver ya no supe el camino.
Estaba oscuro y temblaba de frío.
No lloré.
Ya no lloraba como cuando era niña y me perdía entre la multitud, aunque me sentía igual.
Quizás peor.
Grité, pero por más fuerte que gritara sabía que nadie me escucharía.
Suspiré y entonces entendí que no estaba sola, estaba conmigo.
Por primera vez estaba conmigo.
Fue allí mismo, entre la oscuridad absoluta y el eco de la soledad que me reconocí.
Hablé conmigo, me plantee y respondí infinidades de preguntas que rebotaban en mi cabeza sin parar.
Me reí.
Me reí como nunca antes me había reído de mis defectos.
Con mi mano recorrí mi rostro delicadamente, como si fuera un objeto valioso al que temiera romper.
Entonces comprendí que lo único que necesitaba era tiempo para mí, y que me sentía así por la tristeza que de no conocerme desde un principio como debí.
Creí que me había perdido, pero me había encontrado.
Ahora ya no le temo a la oscuridad porque no estoy sola... estoy conmigo.

Eternamente

Todas las noches mientras duermo,
estas dentro de mis sueños.
Es tan real que no creo estar durmiendo,
pareciera que estás a mi lado en verdad.
Y cuando mi consciencia aviva
en estas frías madrugadas,
me doy cuenta de que sólo era un sueño.
Me recuesto y duermo de nuevo,
desearía dormir eternamente.

Para que no te olvides

Quiero quererte
más de lo que te quiero,
quiero ser todo
y a la vez no ser nada.
Abrazarte fuerte
para que jamás olvides
que no me olvido
que no estoy sola.
Quiero ser la de siempre
y la de todos los días,
la pecadora y la soñadora,
tu compañera de vida.
Quiero ser la que todo puede
y más si es contigo